
La desaparición de un Airbus A330 de Air France sobre el Atlántico Norte ha generado innumerables especulaciones que intentan explicar lo ocurrido. Ciertas hipótesis sugieren que el avión podría haber sido fulminado por un rayo, algo que fue mencionado por las propias autoridades de la línea aérea. ¿Es posible que un sofisticado avión de pasajeros como el Airbus A330 pueda sufrir la caída de un rayo y desplomarse sobre el océano como resultado del impacto? A continuación analizaremos cuáles son los principales riesgos meteorológicos a los que están expuestos los aviones, y sus probables consecuencias.

Rayos y relámpagos: Existen algunos casos documentados de aviones derribados por rayos, sobre todo en los primeros años de la historia del transporte aéreo. El peor accidente fue el del vuelo 214 de Pan Am en diciembre de 1963, que recibió el impacto de un rayo que incineró los gases emitidos por uno de sus tanques de combustible, causando la muerte de las 81 personas que se encontraban a bordo. A partir de entonces se han aplicado múltiples medidas de seguridad que impiden la repetición de esta clase de incidentes.
En realidad, resulta bastante frecuente que los aviones reciban el impacto de rayos durante el vuelo, sin consecuencia alguna para la aeronave y sus pasajeros. Sin dudas, el ejemplo más espectacular es el del video del Boeing 747 alcanzado por un rayo, que ya les presentamos con anterioridad, y que ocupa un merecido lugar entre los artículos más populares de nuestro blog.
Los rayos suelen caer en los extremos de las alas, en la trompa o en la cola de los aviones y se desplazan a lo largo del fuselaje, compuesto generalmente de aluminio y otras aleaciones que son eficientes conductoras de la electricidad. El efecto se observa como un fuerte destello que dura apenas una fracción de segundo, mientras la mayor parte de la energía del rayo se disipa en el aire de manera inofensiva. Por su parte, los pasajeros y los delicados circuitos internos se encuentran completamente a salvo de los rayos, debido al efecto físico conocido como Jaula de Faraday.
Las continuas mejoras en el diseño y la construcción de los aviones, así como en los sistemas meteorológicos de detección temprana, han reducido al mínimo los riesgos de impacto de rayos, y resulta altamente improbable que el Airbus A330 del fatídico vuelo 447 de Air France haya sido afectado seriamente por una descarga electrostática.

Tormentas y granizo: La extrema inestabilidad meteorológica que se produce en el interior de las fuertes tormentas indudablemente supone un riesgo elevado para cualquier aeronave. Los pilotos conocen los peligros aparejados con las tormentas y las evitan a toda costa, basándose en los reportes meteorológicos que reciben continuamente desde tierra, además de la información proporcionada por satélites y comunicados desde otros aviones. Sus propias observaciones del cielo también son primordiales a la hora de efectuar un desvío en la ruta aérea que esquive lo peor de una tormenta.
El mayor riesgo que representan las tormentas está dado por la fuerte convección de la atmósfera en su interior, que produce violentos pozos de aire causados por el diferencial de presión, lo que afecta a la sustentación de los aviones y que es capaz de provocar serios daños estructurales, debido a las violentas sacudidas a las que se ven sometidos.
Si la tormenta está acompañada de granizo, las posibilidades de un accidente severo se multiplican, como vemos en las escalofriantes imágenes que publicamos en nuestro artículo sobre el impacto del granizo sobre los aviones. Sin embargo, nada indica aún que el Airbus desaparecido se haya enfrentado a una intensa tormenta, y mucho menos a una masa de nubes de granizo.

Turbulencia: En más de una oportunidad, los pasajeros de un avión se han asustado por los inquietantes sacudones provocados por algunas zonas de turbulencia. Se trata de movimientos en el aire que no pueden detectarse a simple vista y que se presentan de manera inesperada durante el vuelo. Los pilotos experimentados son capaces de examinar el cielo y sus nubes para saber si se encuentran en un sector sujeto a turbulencias, y suelen evitarlas en la medida de lo posible, para evitar la lógica incomodidad de quienes viajan en la aeronave.
De hecho, la turbulencia es la principal causa de lesiones no fatales dentro de los aviones, debido sobre todo a los golpes que reciben algunos pasajeros y tripulantes que no mantienen abrochados sus cinturones de seguridad durante el vuelo.

Congelamiento: Uno de los mayores riesgos durante los vuelos en zonas de bajas temperaturas es la formación de capas de hielo sobre las alas de los aviones. El congelamiento es la principal causa de los accidentes aéreos (y también de las demoras en los despegues) debido a factores meteorológicos, especialmente entre las avionetas y otras aeronaves de tamaño mediano y pequeño. El congelamiento en vuelo aumenta el peso total del avión, afecta a su velocidad y al consumo de combustible y altera la forma de las alas, elemento imprescindible para la sustentación. Sin embargo, los aviones como el desaparecido Airbus A330 de Air France están debidamente preparados para enfrentar los riesgos del congelamiento, ya que sus superficies son tratadas con químicos anticongelantes antes del despegue.
En definitiva, si bien es cierto que volar tiene sus riesgos y que algunos factores meteorológicos podrán llegar a poner a una aeronave y su tripulación en serios problemas, es prematuro tratar de determinar qué fue lo que pasó con el vuelo de Air France y sus pasajeros, hasta que no se obtengan más evidencias concretas sobre las circunstancias que provocaron su desaparición.